Crucifixión

El Viernes Santo es el resumen de la Semana Santa. En las diversas procesiones que recorren la ciudad se agolpan imágenes nazarenas siendo los cristos crucificados los verdaderos protagonistas.



Al medio día, la procesión se encabeza con la "exaltación de la cruz", es decir, el levantamiento de la cruz con cuerdas y sogas para empalar a Cristo. Los primeros clavos dejan las huellas.


Traspasado por una lanza.




Las mujeres al pie de la cruz ponen sus cabellos para limpiar sus pies como el Maestro previamente había hecho con sus apóstoles.


Al pie de la cruz, quedan los fieles: Juan, el discípulo que le había confesado su amor; y María, su Madre y la de la Iglesia.


Entrega y sufrimiento.






Clavado en la cruz, abriendo los brazos para acoger a la Humanidad.




Muerto en la cruz. Es bajado y dejado en el sepulcro de un amigo (José de Arimatea). No sin antes ser llorado por su madre en su regazo.

 





El esfuerzo tendrá su mérito. Se abraza el banzo, se siente la pasión, vives la penitencia desde el nazareno de fila que con la tulipa iluminas tu corazón con la fe que brota de la entrega del Amor y de alguna manera se comparte ese mismo sufrimiento de Cristo por la Humanidad. 




Pero Cristo resucitará al tercer día...


Paz y Caridad

Jesús ora en el huerto: "Padre, ha llegado la hora...". Se acerca el final de su vida y pide por los hombres.  Jesús, se apartó como a un tiro de piedra de sus discípulos y de rodillas dijo al Padre: "Si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad sino la tuya".


Entonces se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba. Jesús, sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra.


La flagelación de Cristo fue un castigo romano de ahí que se administrara cruelmente contra el reo. En el plan de Pilatos, que pretendía salvar a Jesús de la crucifixión (el pueblo judío lo condena), la flagelación pretendía ser un sustituto para la cruel muerte pero al no satisfacer al pueblo se terminó aplicando finalmente la crucifixión.



Probablemente el castigo se realizó siendo atado Jesús a un lugar fijo (una columna, un pilar, etc.) Así, maniatado, el verdugo castigaba con más dureza al reo.


 Los soldados llevaron a Jesús al interior del pretorio y allí lo vistieron de púrpura y trenzando una corona de espinas se la ciñeron. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupían, y doblando las rodillas, se postraban ante él. Se burlaron de él. Después, le quitaron la púrpura, le pusieron sus ropas y lo sacaron fuera para crucificarle.




El Silencio meditativo

El miércoles santo es un día de reflexión. La procesión, compuesta por un conjunto de imágenes previas a la Pasión, invita a esta visión interior del misterio de Jesús.
Una vez prendido Jesús, Judas llega al monte de los olivos, un lugar que el propio Jesús conocía porque allí se había reunido con sus discípulos. Allí, tras un diálogo entre el Mesías y la guardia, Simón Pedro sacó una espada e hirió en una oreja al siervo del sumo sacerdote llamado Malco. Jesús le pidió que volviera a meter la espada en la vaina.

 No menos importantes son las negaciones del propio Simón Pedro. Si antes se había mostrado como un "héroe" sacando la espada de la defensa ahora éste mismo lo negará tres veces.


La cohorte, el tribuno y los judíos prendieron a Jesús en el huerto y atándolo lo llevaron a casa de Anás (suegro de Caifás) el sumo sacerdote. 
Al entrar en la casa, Pedro va acompañado de un discípulo que lo reconoce el sumo sacerdote. La portera hizo pasar a Pedro  y le preguntó "¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?" Y dijo: "No lo soy"

En el atrio, los siervos y los guardias tenían unas brasas encendidas porque tenían frío y se calentaban. También Pedro estaba con ellos.

De la casa de Caifás, tras las negaciones, llevaron a Jesús al Pretorio de madrugada. Pilato preguntó a los que le traían el hombre "¿Qué acusación traéis contra este hombre". El rico diálogo entre Pilato y Jesús deja frases como: "Mi Reino no es de este mundo"; "Sí, como dices, soy rey"; "¿Qué es la verdad?.
Al final, Pilato toma a Jesús y lo manda azotar. Los soldados trenzaron una corona de espina, se la pusieron en la cabeza y le vistieron un mando de púrpura y, acercándose a él, le decían: "Salve, rey de los judíos".




El Perdón

Martes Santo es sinónimo de perdón. Abre la procesión la imagen del Precursor, el que predicaba en el desierto, el bautismo de agua: Juan el Bautista.

 Por la calle del Peso

 
 Cuerpo escultórico de Juan el Bautista

  Ascendiendo por la calle Andrés de Cabrera 


 Capuces blancos que flanquean la imagen 

Recibió el perdón de Jesús, María Magdalena. La imagen porta un jarrón para ungir los pies de Jesús. La identifican con la mujer adúltera que iba a ser lapidada pero Jesús intercedió por sus pecados.

 Por la calle del Peso 

 Tonalidades azules contrastan con las luces anaranjadas 


Ascendiendo por la calle Andrés de Cabrera 

Detalle de su manto

 Jesús cautivo, maniatado y coronado de espinas. Es Jesús de Medinaceli.


La Madre, bajo la advocación de la esperanza, de manto verde simboliza la esperanza cierta de que Jesús morirá pero resucitará al tercer día.

 Salida de San Andrés